El Regalo De Mamá (I)
He sido un desconformista de mí,
nunca me ha gustado ni mi modo, ni mi historia,
ni el rastro de lo bueno o malo que he sido,
he renegado de mi sangre,
de mis ojos, de mis manos
y hasta de mi buena o mala sonrisa,
he sido tan negativo que he deteriorado mi propia vida por no sentirme
ni en el lugar oportuno, ni en el tiempo oportuno...
Muchos amigos conocidos o humanos paralelos lo han notado
pero han guardado su silencio y con él se han marchado,
adentro de sus propios egoísmos,
tan grandes y buenos como los míos...
Siempre reclamaba de ser un alguien sin recuerdos,
sin recuerdos buenos, o buenos recuerdos,
ya que cada cosa era una onza más de la bosta de mi vida...
Aunque muchas veces en el deterioro de mí,
me he visto en el espejo y he consultado
a los maestros de manejo del yo,
que en la respuesta a mis preguntas
solo han dado razón, de algo que sabían
y cada respuesta solamente ha sido
un eco en la voluntad de su propio sentir;
alejado algunos milímetros distantes del mío...
Pero bien, sin preámbulos agónicos de algo que ya son pasados,
que ya murió, que ya no está,
que nunca fue, pues creo era algún símil deficiente del algo adolescer,
queriéndolo cargar a eternidad, como mi amigo que se tiro del puente,
cuando su musa amada,
se entrego a todos menos a él... Y menos a mí, en algún entrecejo de honestidad,
ya que nunca intereso por ser eco promiscuo,
y era de esas galletas, que limpian toda la flora intestinal
y mas aún, la poca fauna de monedas que hubiese traído en un bolsillo...
Ayer, reclamándole a mamá, como su carma viviente,
me dice con una sonrisa: _toma esta cajita,
y ábrela en tus silencios... Me fui con ella y le deje;
y mi madre, quedose sonriendo con ese dejo irónico,
que luego de dar algunos minutos, compendí porque...
...
Atilano
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lunes, noviembre 20
lunes, noviembre 6
De A Ratos En El Taller
De A Ratos En El Taller
I
Sólo habían sido
factores de personalidad
asociadas a un trato familiar.
Luego,
en la deriva del disgusto,
retomaba el gusto del sentir;
encontrando el camino
de la nueva sensación,
para volver a sentir
el placer del yo
apocado en la contradicción
del mal dialogo.
y así,
orientando entre tanta calma
los vacíos de mis afectos...
II
Contradicción de vivir.
¿Te dejo, no te dejo?
¿Vienes o voy?
Y evalúas y mides
y otra vez sólo rompes,
que vuelves libertad,
como soledades,
cuando tu yo,
otra vez te contradice...
III
Por lo general
siempre hablamos del otro,
rara vez conversamos
de sí mismos,
y cuando lo hacíamos
evitábamos ser referentes...
pero el deber
aquel día obligaba.
Así,
que en algún momento,
decidí tomar la palabra...
IV
De papá héroe,
a papá antihéroe,
por mostrar las culpas
de las aventuras del pasado.
del quebradizo pasar de la existencia,
roto en cada sueño,
en cada tropezón,
en cada idea maltrecha
que habían naufragado
en el vació de las nadas,
y que vuelven a reflotar,
cada vez,
que me han dicho:
Te quiero...
V
Imaginaría
volver a ser adolescente,
al camino en mil recuerdos
adentrado en la fantasía
del rememorar...
inducido al relax
de cerrar los ojos,
soltando los músculos
y dejarse pasear por el silencio,
para buscar un sentido
a tanto andar.
Mientras la pseudo hipnosis
se renueva en respiraciones
donde el aire de la calma
se vuelve a la juventud de la adolescencia.
Los amigos retornan
en el dialogo de lo hechos,
para ser de nuevo
el espacio de los ideales,
de abrazar mil sueños,
en esperanzas de un cambio
que nos llevarían por la tierra,
para dejar esa celda de cuatro paredes
y encontrarse en la misma hora
en una casa vacía
resucitada en los gritos
de las malas calificaciones,
entorpeciendo los sueños
y dejando eso que anhelaste,
en un nuevo olvido,
para retornar otra vez,
entre la voz de esa misma amada,
la esperanza para seguir viviendo...
VI
algunas veces me rió
de mis debilidades.
los hijos
ya me manotean,
me toman como una hoja
y me cierran en un cuaderno...
su madre, su orden,
su padre, su libertad...
VII
Honestamente,
sólo imagino mi familia,
como un grupo de humanos;
más que eso
no podríamos ser..
Figurarse una onomatopeya
o una fábula
para registrar las cosas
de nuestras vidas
tendrían muchas figuras...
Tal vez,
sólo seamos lombrices
navegando por el subsuelo,
o quizás cóndores
en las altas cordilleras,
o sólo un grupo de ovejas
pastando en la pradera...
Creo hay,
de todos un poquito,
salvo no siendo hienas,
ni tampoco un mal león,
que se come hasta sus hijos...
un dibujo de mi familia,
salvo intentar mostrar el perfil
de cada uno,
poco nos representa.
Quizás sí:
Una sumatoria de manos,
partiendo por la de mi hija,
hasta dibujar en ultimo lugar la mía...
¿O Viceversa?...
Atilano
I
Sólo habían sido
factores de personalidad
asociadas a un trato familiar.
Luego,
en la deriva del disgusto,
retomaba el gusto del sentir;
encontrando el camino
de la nueva sensación,
para volver a sentir
el placer del yo
apocado en la contradicción
del mal dialogo.
y así,
orientando entre tanta calma
los vacíos de mis afectos...
II
Contradicción de vivir.
¿Te dejo, no te dejo?
¿Vienes o voy?
Y evalúas y mides
y otra vez sólo rompes,
que vuelves libertad,
como soledades,
cuando tu yo,
otra vez te contradice...
III
Por lo general
siempre hablamos del otro,
rara vez conversamos
de sí mismos,
y cuando lo hacíamos
evitábamos ser referentes...
pero el deber
aquel día obligaba.
Así,
que en algún momento,
decidí tomar la palabra...
IV
De papá héroe,
a papá antihéroe,
por mostrar las culpas
de las aventuras del pasado.
del quebradizo pasar de la existencia,
roto en cada sueño,
en cada tropezón,
en cada idea maltrecha
que habían naufragado
en el vació de las nadas,
y que vuelven a reflotar,
cada vez,
que me han dicho:
Te quiero...
V
Imaginaría
volver a ser adolescente,
al camino en mil recuerdos
adentrado en la fantasía
del rememorar...
inducido al relax
de cerrar los ojos,
soltando los músculos
y dejarse pasear por el silencio,
para buscar un sentido
a tanto andar.
Mientras la pseudo hipnosis
se renueva en respiraciones
donde el aire de la calma
se vuelve a la juventud de la adolescencia.
Los amigos retornan
en el dialogo de lo hechos,
para ser de nuevo
el espacio de los ideales,
de abrazar mil sueños,
en esperanzas de un cambio
que nos llevarían por la tierra,
para dejar esa celda de cuatro paredes
y encontrarse en la misma hora
en una casa vacía
resucitada en los gritos
de las malas calificaciones,
entorpeciendo los sueños
y dejando eso que anhelaste,
en un nuevo olvido,
para retornar otra vez,
entre la voz de esa misma amada,
la esperanza para seguir viviendo...
VI
algunas veces me rió
de mis debilidades.
los hijos
ya me manotean,
me toman como una hoja
y me cierran en un cuaderno...
su madre, su orden,
su padre, su libertad...
VII
Honestamente,
sólo imagino mi familia,
como un grupo de humanos;
más que eso
no podríamos ser..
Figurarse una onomatopeya
o una fábula
para registrar las cosas
de nuestras vidas
tendrían muchas figuras...
Tal vez,
sólo seamos lombrices
navegando por el subsuelo,
o quizás cóndores
en las altas cordilleras,
o sólo un grupo de ovejas
pastando en la pradera...
Creo hay,
de todos un poquito,
salvo no siendo hienas,
ni tampoco un mal león,
que se come hasta sus hijos...
un dibujo de mi familia,
salvo intentar mostrar el perfil
de cada uno,
poco nos representa.
Quizás sí:
Una sumatoria de manos,
partiendo por la de mi hija,
hasta dibujar en ultimo lugar la mía...
¿O Viceversa?...
Atilano
miércoles, noviembre 1
La Tierra De Papá
La Tierra De Papá
Estaba sentado en un bosquecillo de pendiente muy fuerte, observando el vuelo de los jotes que volvían a sus nidos y el sol descansaba entre las últimas ramas que alcanzaban la mirada. Escarbe el suelo, rompiendo las hojas secas de quillayes, boldos y litres, buscando el humus que se encontraba algo más abajo. Lo recogido con desnudas manos lo puse en una bolsa de plástico y regrese presuroso a la casa... Papá esos días, se pasaba entre los controles y sus quimioterapias y me había encargado como siempre, que recorriera el lugar que más amaba, la tierra heredada de sus viejos; que hoy en amarillas cartas, leo y releo palabras del abuelo, donde le daba mil consejos sobre ese lugar y que no descuidara nunca sus atenciones... Así que haciendo de buen hijo, esa primavera me interne otra vez entre sus obligaciones y le di la máxima atención... Recorrí cada quebrada y cada lugar que presentaba diferente composiciones de suelo y en cada punto puse muestras en bolsas plásticas... Unas piedras pómez chiquitas, donde el río hacía remolinos y al bajar las aguas quedaban dispersas en la arena... Otra muestra en el bajo de los naranjos, donde los limos chocaron entre los que traía el río y los que arrastraron la quebrada... Otra escarbado bajo las aciculas de pinos... Otra en el llano, donde acostumbraban sembrar trigo... Otra de aquellos granitos meteorizados y rojos, que sus cuarzos eran luces brillantes, cuando en verano su suelo le hacia honor al antiguo nombre del predio, Infiernillo... Aunque nosotros o los viejos solo rescataron el nombre que más le gusto; Los Tejos... Así que al volver a ver a papá, llevaba mi maleta llena de muestras, algo humedecidas, pues era primavera temprana y quedaba mucha humedad aún, en todo ese lugar... Luego se siguió agravando y ya tuvimos que volver a donde estaba mamá, muchos kilómetros distantes de esas tierras, yo con papá y las muestras de su suelo... A los pocos meses murió, lo enterramos y yo deje las muestras guardadas en un closet... De vez en vez preparo alguna maceta con plantas, hago un potpurrí con pequeñas porciones de cada muestra y la desparramo suavemente sobre su superficie. Luego le dejo caer un rocío con el pulverizador y lo expongo al sol, en aquel vapor, en aquel fenol que inunda mis narices, mi espíritu se encuentra con la tierra de mi padre y en él, cada recuerdo, cada paso recorrido... Hoy, hice el potpurrí de siempre y la lleve a su tumba y mientras se humedecía me deje llevar en sus fenoles que me llevaron otra vez feliz en mis recuerdos y en su presencia que no muere; como la Matria misma...
Atilano
Estaba sentado en un bosquecillo de pendiente muy fuerte, observando el vuelo de los jotes que volvían a sus nidos y el sol descansaba entre las últimas ramas que alcanzaban la mirada. Escarbe el suelo, rompiendo las hojas secas de quillayes, boldos y litres, buscando el humus que se encontraba algo más abajo. Lo recogido con desnudas manos lo puse en una bolsa de plástico y regrese presuroso a la casa... Papá esos días, se pasaba entre los controles y sus quimioterapias y me había encargado como siempre, que recorriera el lugar que más amaba, la tierra heredada de sus viejos; que hoy en amarillas cartas, leo y releo palabras del abuelo, donde le daba mil consejos sobre ese lugar y que no descuidara nunca sus atenciones... Así que haciendo de buen hijo, esa primavera me interne otra vez entre sus obligaciones y le di la máxima atención... Recorrí cada quebrada y cada lugar que presentaba diferente composiciones de suelo y en cada punto puse muestras en bolsas plásticas... Unas piedras pómez chiquitas, donde el río hacía remolinos y al bajar las aguas quedaban dispersas en la arena... Otra muestra en el bajo de los naranjos, donde los limos chocaron entre los que traía el río y los que arrastraron la quebrada... Otra escarbado bajo las aciculas de pinos... Otra en el llano, donde acostumbraban sembrar trigo... Otra de aquellos granitos meteorizados y rojos, que sus cuarzos eran luces brillantes, cuando en verano su suelo le hacia honor al antiguo nombre del predio, Infiernillo... Aunque nosotros o los viejos solo rescataron el nombre que más le gusto; Los Tejos... Así que al volver a ver a papá, llevaba mi maleta llena de muestras, algo humedecidas, pues era primavera temprana y quedaba mucha humedad aún, en todo ese lugar... Luego se siguió agravando y ya tuvimos que volver a donde estaba mamá, muchos kilómetros distantes de esas tierras, yo con papá y las muestras de su suelo... A los pocos meses murió, lo enterramos y yo deje las muestras guardadas en un closet... De vez en vez preparo alguna maceta con plantas, hago un potpurrí con pequeñas porciones de cada muestra y la desparramo suavemente sobre su superficie. Luego le dejo caer un rocío con el pulverizador y lo expongo al sol, en aquel vapor, en aquel fenol que inunda mis narices, mi espíritu se encuentra con la tierra de mi padre y en él, cada recuerdo, cada paso recorrido... Hoy, hice el potpurrí de siempre y la lleve a su tumba y mientras se humedecía me deje llevar en sus fenoles que me llevaron otra vez feliz en mis recuerdos y en su presencia que no muere; como la Matria misma...
Atilano
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